sábado, 18 de febrero de 2017

Mientras



Mientras el exilio pasa lento y ciego por mis venas, yo te estoy amando.

La noche es el territorio residual de nuestra cubanía. Somos la noche y la mala idea.

En un bar, donde todas se acercan para besarme, yo te estoy amando.

La muerte nos convocó puntual, precisa, casi pionera. La muerte nos hizo hermanitos porque en el alma los dos llevábamos a esa perversa palabra de contrabando: libertad.

Ahora todo es exilio, ya sabes. El amor lo primero que nos roba es la noción de patria. Ya no nos pertenecemos ni a nosotros mismos.

El humo sale de todas las bocas. Bocas pintadas con exageración de primates. La música mueve nuestro mareo, nos marea aún más con su repetición. Reírse aquí es una pérdida de tiempo. Un día muy pronto se nos caerán los dientes. Pero seguimos fumando en el bar de las besadoras al azar.

Mientras el exilio pasa raudo y vidente por mis sienes, yo te estoy amando.

Hacía muchos años que estaba por decirte esto así, desde Cuba. Es decir, desde La Habana.

Todo se ha acelerado. Los postes de luz pasan a una velocidad inhumana. Saco la mano por la ventanilla del taxi e intento retener al menos una astilla de la madera. Ni eso. Todos nos hemos acelerado. Lo único que se me ocurre es pedirte perdón.

Las tres y media de la madrugada tampoco son un horario creíble. Igual ya no quedamos tantos. Y los que quedamos, parecemos ya otros. Es fácil. Se llama otra vez la muerte. Pero esta vez una muerte mansa, muda, casi sin sentido. A nosotros, que en Cuba la muerte nos picaba cada día más cerca y cada día más corríamos como locos libérrimos hacia ella, diciéndole, sin misericordia: Muérete, muerte. Muérete, muerte, para la mismísima mierda.

Es sábado de viernes.

No siempre los sábados son de viernes.

Estamos solos. Lo sabemos. Y es irreparable. Es sólo eso. No más que eso. Ya pasará. Es decir, llegarán las noches en que estaremos solos y ni siquiera eso sabremos.

Mientras el exilio pasa lento y raudo y vidente ciego por mis venas, yo te estoy ya sabes. O no, tal vez tampoco lo sabes tanto. Valga entonces la repetición. Mientras el exilio pasa lento y raudo y vidente ciego por mis venas, yo te estoy amando.

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